A David Lynch (1946-2025)

El dos de enero escribí este poema. Generalmente tengo dificultad para poner títulos a mis textos. Hoy al enterarme del fallecimiento de uno de los cineastas que contribuyó a esculpir mi imaginario de forma contundente y febril, me tomo la libertad de dedicárselo. ¡Gracias por tu sensibilidad humana y cinemática!


la nieve desciende
oblicuamente
yo la contemplo
con los dedos pegados al vidrio de mi puerta

la bola azul se balancea
la nieve golpea ferozmente
las ramas de los árboles y sus hojas se menean
no hay oscuridad
solo un manto gris, reluciente y ciego
mi cuerpo se adentra desnudo
en el umbral de mi imaginación
mi pecho se abre
mi corazón vacía su sangre palpitante

la nieve se tiende 
la observo expectante
invocando la densidad de mi peso
sobre su jardín espectral
quiero pronunciar una palabra y no puedo
mis labios anhelan el gélido roce del entumecimiento
vuelvo a sentir mis manos detrás de la puerta
ahora hay solo un aire limpio
y un olor a luz difuminada

la bola azul sigue en pie
a sus espaldas
casi disculpándose
se hunde la iridiscencia de un inesperado ocaso

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